Este libro, del Dr. Fredy Salinas Meléndez, referido a la “Cosmogonía Andina”, es un verdadero signo de los tiempos. Tiempos de retorno a nuestros manes; tiempos de corrección de errores; tiempos de vuelta a los principios originarios.


Porque nuestros orígenes fueron grandiosos, muy a la inversa de lo que hoy hemos llegado a ser. Las pruebas de esos relevantes orígenes están aún a la vista, en los valles interandinos en que los restos arqueológicos prueban que allí se establecieron los iniciales grupos humanos que se semisedentarizaron hace unos 10,000 años para, enseguida, crear la primera cultura compleja que conoce la historia de la humanidad. Nuestros antepasados, pues, fueron quienes abrieron la primera brecha de progreso por la que luego pasarían las comunidades humanas que en otras latitudes vivían aún en el salvajismo.


Luego, hace unos 8,500 años, esos nuestros primeros padres se entendieron con varias especies de animales, con los que constituyeron comunidades de convivencia complementaria. Según las evidencias, aquí no hubo, por entonces, nada parecido a la domesticación compulsiva de los animales, sino la búsqueda y hallazgo de formas de entendimiento y mutua convivencia, respetuosa de las particularidades propias de los unos y los otros. Por entonces, también aparecieron aquí las huertas de cultivos múltiples, a imitación de lo que ocurre en el mundo natural, en que las distintas especies de plantas crecen en mutua convivencia y apoyo recíproco.

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